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“La gente  tiene  muchos problemas con el desnudo, porque la religión se encargó de demonizar a la mujer y al cuerpo durante siglos”

Guillermo Mayoral

Ya instalados y dispuestos a conversar de fotografía, y como no podía ser de otra manera en Un ojo gris, el mate –de calabaza en este caso- acompaña la charla.



Fue a los 20 años que Guillermo Mayoral tuvo su contacto con la fotografía, de forma puramente amateur:  “Una amiga de la adolescencia andaba todo el día con una cámara encima y yo estaba estudiando bellas artes en MEEBA ( Asociación de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes), me interesó en principio por una afinidad con la imagen y terminé aprendiendo lo básico de la fotografía, el revelado y copia en papel de manera totalmente autodidacta, leyendo artículos en revistas de fotografía y experimentando.  Luego, mucho más adelante decidí completar mi aprendizaje estudiando Fotografía publicitaria y moda en la Escuela Superior de Fotografía Publicitaria Fotodesign, con el curso anual y posgrado de 6 meses. Finalicé con otro taller anual de iluminación de modelo con el maestro Alfredo Willimburg. Todo esto me permitió el aprendizaje del control de la luz en estudio”



Confeso  fiel amante del desnudo, Guillermo me cuenta qué despierta en él a la hora de pensarlo en imágenes para registrar.

“El desnudo ha sido por siempre uno de los grandes temas del arte, capaz de transmitir todos los estadíos del alma, siempre pienso en él como una de las maneras más genuinas, bellas  y menos contaminadas de registrar un sentimiento. Sin las máscaras ni los disfraces que suponen las ropas, un desnudo debe expresar un sentimiento”.

 

Pese a esta expresión de sentimientos, el desnudo muchas veces se torna difícil de comprender generando tabúes, prejuicios y censura;  para este caso, Guillermo opina…


“…es difícil a veces, sólo comentarte que en Facebook, a pesar de filtrar mi página de fotografía a menores de 21 años, ya he sido denunciado anónimamente, censurado y bloqueado sin poder usar la red social, castigado como un chico que hizo una travesura o peor, como un delincuente. De hecho, en este momento mi cuenta permanece bloqueada por 30 días y me han dado de baja aproximadamente 25 de mis desnudos, incluida la serie en contra de la violencia de género que sólo buscaba aportar un grano de arena a la concientización del problema. No hay el más mínimo criterio, denunciar y censurar por el simple hecho de ser un desnudo. No hago pornografía, me han censurado fotos que ni siquiera llevaban implícita una carga erótica que pudiera ofender a nadie. La gente tiene  muchos problemas con el cuerpo, la religión se ha encargado de demonizar a la mujer y al cuerpo durante siglos y eso permanece en la gente. Los museos están llenos de desnudos de todas las épocas y clases, es arte, es nuestro cuerpo, lo demás, son los prejuicios de las personas”.

 

Pensando en las heridas que en un porcentaje de la población puede abrir el desnudo, esta disciplina muy pocas veces sale a beber del sol directamente, manteniéndose -en lo posible- entre 4 paredes.


¿Cómo fue la experiencia de hacer desnudos en la vía publica?


“El desnudo en la vía pública surgió como un proyecto personal de la modelo, al cual adherí inmediatamente porque descontextualizar el desnudo siempre me pareció interesante. Fue arriesgado, pero intentamos hacerlo en un horario, lugares y días donde se acotara la posibilidad de molestar a alguien, cuidando de no herir susceptibilidades. Cada toma se hacía planificando y ensayando con ropas; la exposición de la modelo nunca pasó del minuto y medio o dos.”


Y agrega desde la cocina, a viva voz y mientras arregla el mate: “Luego nos arrepentimos de no haber ido acompañados de otro fotógrafo que captara las reacciones de la gente”


Ya con espuma  vigorosa en la calabaza, me presto a seguir oyendo.


“En una de las fotos, realizada en una vidriera en Recoleta, justo del otro lado de la calle había un edificio con el personal de seguridad sentado en su escritorio, aburrido en un día feriado, creo que habrá sido  el feriado más divertido que pasó trabajando en su vida. Lo mismo que el personal que vigilaba las cámaras de seguridad de un cajero automático por la zona. Supongo que esa filmación habrá corrido entre varios.”

 

Las fotografías de Guillermo cargan con una fuerte intención expresiva y muchas de ellas se ven reforzadas con texturas. Teniendo en cuenta la disputa entre retoque y arte digital, Mayoral agrega respecto al tratamiento de sus imágenes…


“…Comencé a utilizar texturas en mis fotos hará un par de años a modo de experimentación, suelo jugar con ellas según lo que me sugiera la fotografía y creo que el límite entre arte digital y una fotografía intervenida es ese: todo el trabajo parte de la toma fotográfica,  las texturas sólo aportan, suman algo que ayuda al mensaje que uno quiere expresar. En resumen, la textura está al servicio de la foto. El arte digital crea mundos imaginarios a partir de herramientas digitales varias entre las que se puede incluir o no una fotografía”

 

Divorciado, con un hijo de 26 años, se define como  “una persona sensible, simple, que disfruta de los amigos, la contemplación y el arte”, mientras la tarde empieza a caer en Olivos.
 

Un apretón de manos confirma el placer de la charla en un último recorrido con la mirada por las palmeras que ya son silueteadas, por el sol que se esconde.

 

La vista del lugar no deja de ser  ajena a la mirada fotográfica que se funde en el ambiente, se ven las palmeras cercanas al río desde el balcón terraza, y en el mismo, plantas y cañas que dejan al cemento en el olvido.
Bajo una gran sombrilla blanca en la mesa - “para soles furiosos” (como dice Guillermo) - me cuenta su historia: “Soy el menor de tres hermanos de una familia de inmigrantes catalanes, venidos en la posguerra en busca de un futuro mejor. En mi familia soy el segundo argentino; nací en Buenos Aires un 17 de Enero de 1959”, detalla el capricorniano.

Modelos: Melina Balbuena, Isis y Estefanía Zinboer

Modelo: Sur Amancay

Revista de interés social.

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