Innumerables situaciones pueden hacernos sentir sensaciones inexplicables en la piel. Las emociones emanan del cuerpo con el latir del corazón a causa de un disparador.
La sombra de aquel niño jugando con globos, las 2 chicas abrazadas en ese día de sol bajo una incesante lluvia de sentimientos o el dibujo de Jorge Julio López como documento aterrador son, sin duda, la causa perfecta para que la piel exclame estas sensaciones.
Sentimiento que se genera en el observador producto de otro aún mayor, el de Helen Zout, quien plasma en sus trabajos la fuerza de la expresión.
Con la amabilidad que la caracteriza, Helen nos recibió en su lugar de trabajo, el Museo de Arte y Memoria de la Provincia de Buenos Aires, donde se desempeña como fotógrafa y curadora, para charlar con nosotros acerca de su obra.
¿Cómo fue que elegiste los temas que desarrollaste, por elección propia o te fuiste chocando con ellos?
Un poco las 2 cosas, me encontré con temas que no tenían desarrollo fotográfico, al menos como yo lo hice. Estos temas tenían que ver con mi vida y mis experiencias personales; encontrar la empatía con ellos fue reparador para mí, y sé también que fue reparador para otros.
Cuando un hecho individual se convierte en un hecho de comunicación hacia los demás, eso es maravilloso.
El trabajo del neuropsiquiátrico fue en un congreso de fotografía que se hizo en el Hotel Corregidor con fotógrafos reconocidos a nivel mundial y organizado por Kodak. Había una lista de temas y yo elegí ese, me atrajo por cuestiones personales, antecedentes familiares de mi niñez.
“Fue tratado de una manera muy humana, y respetuosa, bien de cerca”; fueron las palabras de Sebastián Salgado para con el trabajo, ¡ahí sentí que caía de espaldas! Nada menos que él diciéndome eso cuando yo recién arrancaba con este tipo de fotografías.
El trabajo de los niños con sida surgió porque necesitaban un afiche para el hospital de niños sobre este tema, me convocaron y me presenté. Al ver a estos chicos fue realmente fuerte y me atrajo la idea de hacer algo por ellos.
En este trabajo, Helen utilizó máscaras para preservar la identidad de estos niños. Máscaras que afrontan la cámara con la esencia del mensaje y la crudeza de una enfermedad que a fines de los 80 regalaba prejuicio y discriminación en una sociedad desinformada.
El trabajo de los desaparecidos lo busqué yo, tenía que ver conmigo.
Fui perseguida políticamente en esa época, yo militaba. No llegué a estar secuestrada pero pasé situaciones límites, me fueron a buscar, ¡sobreviví de casualidad! Después, al poder volver a mi vida, sentí una gran responsabilidad con el tema y me dije ¡algo tengo que hacer!, así fue que lo llevé a cabo durante 6 años, siendo valioso para mí poder dejar un testimonio importante a los demás.
¿Sos de planificar tus trabajos o te dejás llevar por los sentimientos?
Yo me dejé llevar por los sentimientos, ¡pero no se si está tan bueno eso! A veces uno se prolonga demasiado en los temas. Hoy prefiero poder pensar y actuar, hacer una planificación, ver qué estoy obteniendo y qué me falta. Para esto es necesario tener tiempo, y yo no lo tuve; fui haciéndome espacios entre mis hijos y el trabajo para poder desarrollar los temas.
En cuanto a la investigación ¿la hacés previamente o vas explorando sobre el campo?
En los primeros trabajos que hice me metí como un potrillo salvaje saliendo a fotografiar sin tanta información. En el de los desaparecidos no, ahí tenía que leer de cada caso, informarme.
Teniendo los testimonios y la información me servía para encontrar palabras clave, y estas palabras podían ser el detonante de cómo quería esa foto. Igualmente frente a la escena se produce un silencio interior, uno se olvida de todo y entra en comunicación con el otro, ¡hay que dejarse llevar!
Tanta información y planificación pueden opacar los sentimientos de ese momento y eso perturba la capacidad creativa e intuitiva de uno.
Y hablando de estos sentimientos, ¿te pasó de encontrarte con alguna escena donde preferiste bajar la cámara?
Me pasó en la cárcel, ahí me encontré con un hombre que estaba preso y muy mal, me acerqué y me puse a hablar con él. Éramos un grupo de gente, estaba el comité contra la tortura, y este señor estaba encerrado en una leonera, ¡porque era una leonera, una jaula! Un retrato de cerca hubiera sido muy potente. Me pregunté ¿para qué sumar más dolor a esta persona? Le dije que iba a hacer una imagen, entonces me alejé y tomé toda la jaula, no quise incomodarlo más aún.
Es algo muy delicado, muchas otras veces no fotografié, y si lo hice lo hablé primero. No lanzaría nunca una foto irresponsablemente donde el otro fuese perjudicado, es una cuestión de respeto, siempre priorizo lo humano ante todo.
Al ir encontrándote con estas escenas, ¿te fue modificando algo en cuanto a tu persona?
No, creo que uno siempre es el mismo. Lo que intento después de tantos años es que la escena no me domine mucho tiempo. Tal vez antes me llevaba un día sacarme de la cabeza alguna situación, hoy intento recuperar el ánimo más rápido, obviamente uno no se olvida nunca más de determinados momentos, pero trato que no me afecten en la parte anímica.
Uno está con la sensibilidad a pleno en la piel ante estas situaciones. Si me quedo muy cargada no puedo seguir trabajando, una escena puede afectar en otra y no es conveniente.
En cuanto a sus ganas y proyectos actuales, Helen nos cuenta que le gustaría dar otro rumbo a sus trabajos, poder hacer otro tipo de fotografía.
Necesito vivir después de morir, sé que tuve muchos logros importantísimos con estos trabajos, pero me hace falta hacer otras cosas. A veces siento que vivo repitiéndome en tonos creativo.
Hoy hago otras fotos y mi hijo el más chico también fotógrafo me dice, ¡hacer esas fotos después de lo que hiciste está bárbaro, pero no se cómo vas a hacer para conciliar todo junto! Y la verdad es un problema; siempre hice fotos de temas terribles y hoy mostrar la alegría si se quiere, me cuesta conciliarlo con mi trabajo anterior.
¡Igualmente lo voy a hacer! Aunque ni siquiera pueda mostrar las imágenes en la misma página de Internet.
Más allá de estas nuevas imágenes que Zout intenta incorporar, no se puede desligar del compromiso social que lleva dentro. Y agrega:
También tengo una deuda pendiente, hacer un laburo con las mujeres en un trabajo de género, pero muy amplio. Sería mi última deuda con la vida, con la sociedad, con lo reparador; y como tengo esa entidad con el género es algo que me debo a mí misma.
A la hora de tomar una fotografía entran en juego la historia de uno y sus sentimientos. ¿Hasta qué punto tus imágenes son una forma de autorretrato?
¡Siempre! Si uno es sincero con uno mismo, con su interior, con el estado de ánimo, no hace otra cosa que poner todo eso en la imagen. Hoy que pasé los 50 años y miro lo que hice, siento que lo único que me banco es haber sido sincera conmigo, sino, en algún punto me hubiera hecho ruido. Me da una entidad verdadera y está bueno, tiene que ver conmigo.
¡Fui sincera!
Hoy pasé por 54 y sigue estando la foto de López, y eso lo respeto, sigue estando ahí. Después miré la vereda de enfrente y vi un cartel que decía… ¡se venden canarios! Está genial que en la vida existan cosas tan dispares, tan distintas. Seguramente habrá quiénes se interesen por la foto de López y quienes por el cartel, y seguramente quienes miren la foto y se crucen a comprar canarios y viceversa.
Todos tendríamos que ser así, respetar lo que sentimos y respetar al otro que siente cosas distintas.
Sentimientos despertados por el fluir de emociones verdaderas, a partir de un compromiso social que nace de lo más profundo de un ser humano.
La sencillez del alma reflejada en sus ojos claros.


Sombra de niño portador jugando con globos. La Plata, Argentina, 1987.

Hospital neuropsiquiátrico. Mujer en el patio en un día soleado.

Dibujo realizado por Jorge Julio López.


Interior de un avión usado en los vuelos de la muerte, Museo Aeronáutico de Morón.

La piel de Helen
foto: Gabriel Galán
Zout obtuvo con “Huellas de Desapariciones durante la última Dictadura Militar en Argentina 1976- 1983” la Beca John Simon Guggenheim.
Fue declarado de Interés Nacional por la Secretaría General de la Presidencia de la Nación en 2005.