“Haciendo desde lo suave, lo afectivo y lo sensible”
(Silvina von Lapcevic)
Hace 37 años, Buenos Aires le daba la bienvenida -precisamente un 6 de Junio- a Silvina Von Lapcevic: “Cuando nací el sol estaba en Cáncer y había muuuuucho Géminis en el aire”

Estudió y se recibió de socióloga en la UBA, mientras, a la par, muchos maestros de la fotografía fueron parte de su formación en el camino de las imágenes. “Todos eran muy distintos, aprendí algo de cada uno” –comenta, y agrega- “me gustó haber armado mi propia carrera”
“De chica dibujaba mucho, siempre estuve vinculada con lo creativo. Me la pasaba inventando cosas, hacia títeres, colages, pintaba; necesitaba mucho expresarme por medio de algo creativo (tenia mucha imaginación).






De adolescente, no se cómo, pero arranqué a hacer fotos, cada vez con más ganas, sobre todo en los viajes. Mirar las cosas que no me rodean cotidianamente, lo "desconocido", lo "nuevo" siempre generó una atracción muy fuerte en mí. Siento que mis fotos más conectadas por lo general aparecen en estos escapes, cuando puedo ser yo desde un lugar más profundo, sin estar a las corridas con mi cotidiano; dándole espacio a mi lugar más genuino para que se exprese”, comenta desde su simpleza.
Un verde fuerte por las lluvias del verano es el color que gana en el jardín, las enredaderas abrazan al árbol de paltas cayendo por sus ramas; Evo y Yastay nos acompañan, nos observan, juegan, se trepan y saltan; “son 2 gatos muy cariñosos y juguetones” comenta con risa y a los pocos segundos confiesa: “Nooo, mentira, son re mala onda la verdad”, haciendo positiva mi desconfianza hacia los felinos.
Durante su cursada en la carrera de Sociología trabajó de moza en un restaurante que queda a media cuadra del diario La Nación.
“Ahí iba a comer el jefe de redacción, Hector Damico, se había generado un vínculo ameno de verlo a diario.
Por ese entonces medio de mandada arranqué a enviar fotos a concursos y un día … ¡ohhh sorpresa, gane algunos!
El 1er premio en expotrastienda para mí fue muy importante, empecé a sentir que por ahí estaba bueno lo que hacía.
Yo venía de un viaje por Bolivia y había hecho fotos de bloqueos cocaleros, fue un año antes de que Evo ganara las elecciones (había mucho bardo en ese país).
El tema del concurso era realidad social latinoamericana, era una temática que me interesaba mucho. De hecho, el viaje fue un poco con esa idea, y la foto que ganó era de ese conflicto. Fue algo que me dio mucha confianza, me animó.
Se lo conté a Damico y él fue el que me incentivó a hablar con el jefe de fotografía del diario para que le llevara una carpeta. La verdad es que hasta entonces nunca me había pensado como fotoperiodista, pero cuando se me despertó el deseo no pude parar, me di cuenta de que era eso lo que quería.
De algún modo vinculaba lo que a mi me interesaba, lo social, los problemas del mundo, la gente, el estar en la calle, mostrar, expresar; y desde lo visual todo el mundo me tiraba la peor, que me olvidara, que no había modo de entrar en los medios, que no perdiera tiempo... pero como soy muy testaruda y cuando se me mete algo en la cabeza no paro, laburé mucho, le puse mucha fuerza y logré que me efectivizaran en un medio.”
Siguiendo la charla sobre esta pasión, cuenta que le gusta la calle más que hacer entrevistas o deportes: “Me interesa la política, la actualidad y me encanta estar ahí con el cuerpito presente en momentos importantes, históricos, eso me parece re flashero”
Tocando el tema de los límites en la fotografía -un clásico en Un ojo gris- Silvina opina:
“Siii! creo que hay límites, es verdad que cuando uno arranca y con tantas ganas sabiendo que es re difícil, hace cosas que hoy no haría. De a poco empecé a entender que había cosas que no estaban buenas, que hay un límite ético y que uno es el que tiene que decir: hasta acá, cuando te mandan a hacer cosas que no te parecen o estás en desacuerdo es difícil, sobre todo en medios donde el tipo de periodismo que se hace no te va; pero es la profesión que elegí, lo que por el momento quiero hacer.
Me encantaría que hubiera una discusión más seria sobre ética periodística y que hubiera un ente regulador que funcionara para no permitirles a los medios hacer cosas sucias”
Si bien cada vez son más las mujeres que se suman al fotoperiodismo, ¿cómo es hoy esta cuestión de género respecto a los colegas y a las notas en sí mismas?
- Yo creo que estamos capacitadas igual que los hombres para hacer las mismas cosas en la profesión, hay algo que excede la cuestión de género, creo que hay gente que por una foto mata, cuestión de llevarla a toda costa y para eso no importa si tenés que cagar a codazos a alguien. Eso no me va ni ahí, pero excede el género, hay minas que son así también, que tienen un nivel de competencia zarpado y me parece importante el compañerismo, me encanta cuando se da laburar entre todos para tener la foto. Igual, en todas las áreas de la vida, me parece que si viviéramos, sintiéramos e hiciéramos desde un lugar más "femenino" sería mejor. Hablo de la energía femenina que tenemos hombres y mujeres.
El patriarcado nos separó de las características de lo femenino. Las cualidades femeninas quedaron adormecidas, las apagamos y nos transformamos en minas fuertes, el poder de lo sutil quedó subsumido al de la fuerza y creo que echar conciencia sobre ello, expandir nuestras cualidades femeninas (en hombres y en mujeres, digo), haciendo desde lo suave, desde lo afectivo, desde lo sensible, todo sería mejor, desde nuestra profesión y en todo plano, sería un mundo más sano y con más amor.
Cerrando los ojos, recuerda que “una vez en un evento en el que la figura era Julio Boca se le fueron todos los pibes al humo, a veces pasa eso, hay gente que se desespera y por ahí se pone medio violenta la cosa. Julio, con su sensatez habitual vio la escena y me dio la foto primero a mí que estaba atrás, tranqui, esperando que los pibes se mataran. ¡Un grande juliito!”
Lo espiritual es parte importante en tu vida, y la fotografía una forma de expresión; ¿de qué manera se conjugan y fusionan estas 2 cuestiones?
-Creo que no hay modo de separarlas, en cualquier cosa que uno hace está expresando su ser, mas allá de definirse como un ser espiritual o no, lo somos igual.
Cada clic que hacemos está saliendo desde un lugar propio, aunque estemos fotografiando temáticas que creemos re ajenas a nosotros, el modo de encararlas siempre es propio, aunque en ese instante no lo veas conscientemente.
Cuando uno decide hacer ciertas fotos es una belleza absoluta tener un medio de expresión de lo que se siente, creo que las imágenes vienen de un lugar re profundo de nosotros mismos. En verdad no elegimos nuestro arte, yo creo que excede nuestras cabezas, es una cuestión de necesidad y sale del lado de la esencia, de un lugar visceral que cuando es genuino se conecta con la verdad de la vida, con el amor, con la fibra de la existencia. Cuando se logra eso yo siento que eso es arte.
Hoy por hoy la fotografía ocupa un lugar en la vida de Silvina muy importante. Respecto a sus planes y proyectos, nos cuenta: “Tengo momentos, como todos, todo tiene ciclos; no hay cosas estáticas. Hay momentos en los que siento que ya, que no quiero mas y que por ahí me quiero dedicar a otras cosas, a vincularme con la gente más desde un lugar de ayudar a sanar. Pero de a ratos me siento re feliz con mi profesión y disfruto mucho de estar con la cámara mirando lo que pasa afuera, haciendo todos los días cosas distintas. Ahora estoy en uno de esos momentos muy agradecida de tener esta profesión y de tener la posibilidad de que en mí se haya despertado este amor, de tener este medio con el cual expresarme, aliviarme.
Expandir mi ser en el afuera y poder vivir de ello me hace muy feliz y lo agradezco profundamente.
Estoy empezando a aceptar (que no es resignación) que las cosas están llenas de contradicciones, que no hay nada total ni completo. Dejando de correr zanahorias lejanas y comprendiendo que es desde donde estoy (con muchas cosas que no me cierran) que tengo que construir y construirme.
Estoy armando un libro con mis fotos de naturaleza que es algo que siento muy desde mi fibra más profunda y por otro lado me estoy animando a escribir poesías, es algo que también me hace muy bien. Me tiene muy motivada esta construcción.
Con un vestido verde y violeta enmarcado por la naturaleza del jardín, la chica de ojos celestes y amante de la astrología, no deja de sentir en cada instante el compromiso con su propio ser, con el genuino de sus sentimientos, para registrarlo y dejarlo plasmado en sus fotografías.
Foto: Gabriel Galán.