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Nota: Noelia Zocchi

Fotos: Gabriel Galán

A David lo condenaron, y lo declararon culpable matándolo a patadas en el medio de la calle por presunto delincuente. Enarbolando la bandera de “justicia por mano propia” se cometió un “homicidio calificado” a la vista de todos.

 

En el imaginario social se ha cristalizado la figura del delincuente en los menores con gorrita y de bajos recursos. Se ha construido una verdad que postula que ellos son los portadores de la inseguridad. Se ha obstaculizado la visualización de las verdaderas problemáticas con el correr del tiempo.

Esta construcción de un “otro” al que se le aduce toda la condena social, no es novedosa. En este “otro” hacen converger todos los males de la sociedad. Son el eslabón visible de la desigualdad, la corrupción, el narcotráfico, la falta de educación, las irregularidades en la Justicia y el sistema penitenciario.

 

Sin embargo, los hechos demuestran otro escenario. Según datos estadísticos sólo el 4,3 % de los delitos investigados tiene como sospechosos a menores.

Pero poco importan los números en la calle. Por estos días los medios se hacen eco de diferentes linchamientos en distintos puntos de país: Palermo, Córdoba, La Rioja y Rosario, este último donde asesinaron a David Moreira. Este chico que, según su madre en una carta difundida por la revista “Garganta Poderosa”, había dejado el secundario para dedicarse a trabajar de albañil, era hincha de Central y no era ladrón. Una afirmación que quedará sin esclarecerse porque ya más de cincuenta personas decidieron que su JUICIO era la pérdida de masa encefálica en la vía pública.

 

La ferocidad cobarde de las muchedumbres vista como valentía es una práctica que data de varios siglos atrás donde el caos social era moneda corriente y en donde las reacciones colectivas vomitaban odio y violencia, vivando la muerte y agitando a la barbarie. Hoy, en el Siglo XXI y bajo un sistema democrático, el descontrol agresivo de las masas que culmina con una muerte, es decir, un linchamiento es, según el Código Penal, un delito que, según el modo en el que se lo juzgue, puede tratarse de un homicidio en riña o un homicidio agravado con un autor o varios coautores.

 

Una solución integral donde la inclusión social real sea el estandarte del cambio, y no una simple afirmación de mandatarios que son cómplices y funcionales al plan sistémico de marginación es lo que apoyamos.

"Vómitos de exclusión" 

...ferocidad cobarde de las masas

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